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Recinto CNI, Cuartel Central Borgoño
Entre 1980 y 1987. El mayor número de detenidos se registró entre 1984 y 1986.
Calle Borgoño Nº 1.470, actual comuna de Independencia (también tuvo ingreso por Avenida Santa María Nº 1453).
Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura; Catastro Ministerio de Bienes Nacionales.
Un gran portón de hierro, por donde entraban y salían constantemente vehículos y motos de diversos tipos era la entrada principal del recinto por la calle Borgoño. De acuerdo a numerosos testimonios de hombres y mujeres que fueron conducidos hasta este recinto, fueron mantenidos sin reconocerse su detención. Describieron que pasaban casi la totalidad del tiempo en un subterráneo que contaba con una sala de recepción, una sala para exámenes médicos, una pieza donde se fotografiaba y tomaban las huellas digitales a los detenidos, una pieza de interrogatorio y tortura especialmente habilitada para este fin, celdas individuales y un baño con duchas. En algunas celdas había cama de cemento. Sobre la puerta, una ampolleta que estaba prendida día y noche. Arriba, un cuarto dotado de equipos de sonido y video acondicionado con cajas de huevos vacías con el propósito de insonorizarlo. Varios detenidos coincidieron en denunciar que fueron fotografiados y filmados en este lugar, en diferentes situaciones montadas por los agentes para hacerlos aparecer con literatura considerada subversiva, con armas o confesando delitos. Los declarantes relataron que al ingresar se les obligaba a desnudarse y a vestir un buzo de mezclilla y zapatillas. Todo estaba muy sucio y con restos de sangre. A los detenidos los llevaban con los ojos vendados a un examen médico, que tenía lugar en una sala que contaba con una camilla, en donde algunos fueron golpeados. Numerosos testimonios denunciaron presencia y cooperación de médicos en las sesiones de interrogatorio y tortura. Los testimonios de los ex detenidos dieron cuenta de haber sufrido golpes de pie, puño, con objetos contundentes y golpes de karate; el submarino seco y el mojado, en ocasiones fueron sumergidos en una especie de tina con agua y excrementos; sufrieron aplicación de electricidad y amenazas de muerte, fueron apuntados con un potente foco de luz, sometidos al pau de arara, a colgamientos por largos períodos, sufrieron quemaduras con cigarro, fueron sometidos a la ruleta rusa, al teléfono, a simulacros de fusilamiento, les impedían dormir y descansar y el acceso a los servicios higiénicos fue restringido severamente. Fueron sometidos a condiciones que producían desorientación al tiempo espacial, fueron obligados a permanecer en posiciones forzadas, sufrieron la introducción de objetos por el ano, vejaciones y violaciones sexuales -tanto los hombres como las mujeres- en ocasiones con perros, fueron obligados a escuchar y presenciar torturas a que sometían a otros prisioneros, fueron detenidos y torturados con familiares, esposas e hijos, como método de presión; les aplicaron drogas y algunos dijeron haber sido hipnotizados. Las personas llegaban detenidas a este recinto por la CNI o, en ocasiones, eran enviadas desde recintos de Carabineros e Investigaciones. Luego de un período que fluctuaba entre días y semanas, en los que permanecían incomunicados, generalmente sin que su detención fuese reconocida, los detenidos eran puestos a disposición de alguna fiscalía militar o tribunal civil y luego derivados a la cárcel. A otros se les dejaba en libertad, previa firma de documentos que no se les permitía leer, mientras que otros fueron relegados. En todas las circunstancias fueron amenazados para que no denunciaran las torturas de las que habían sido objeto. Asimismo, los obligaban a firmar declaraciones inculpatorias que luego eran presentadas como confesiones.
Mapa del Recinto
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